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La mamá cucuteña: una celebración que no cabe en un solo domingo
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Hay ciudades que tienen formas muy particulares de de mostrar cariño. En unas, el amor se dice en voz alta; en otras, se demuestra con pequeños gestos cotidianos. En Cúcuta, el amor, sobre todo el de mamá, suele sentirse en la cocina desde temprano, en el “¿ya comió?”, en el tinto que aparece sin pedirlo y en esa costumbre tan nuestra de reunirnos alrededor de una mesa incluso cuando no hay nada especial que celebrar.
Tal vez por eso el Día de la Madre en nuestra ciudad nunca ha sido solamente una fecha en el calendario. Sí, tradicionalmente se celebra el último domingo de mayo, una costumbre profundamente arraigada en los hogares cucuteños. Pero este año el calendario quiso hacer de las suyas: como el último domingo coincide con jornada electoral, la celebración se adelantó al domingo anterior.


Y aunque para muchos eso pueda parecer simplemente un cambio de fecha, en realidad también es una oportunidad para recordar algo importante: a mamá no se le celebra un solo día. A mamá se le celebra siempre.
Porque la mamá cucuteña merece más que un domingo.
Merece tiempo, conversaciones largas, sobremesas sin afán y momentos que permanezcan en la memoria mucho después de que termine mayo. La esencia de la mamá cucuteña. Hablar de la mamá cucuteña es hablar de mujeres fuertes. Mujeres que han aprendido a sacar adelante a sus familias incluso en los días difíciles. Mujeres cálidas, cercanas y generosas, capaces de convertir cualquier espacio en hogar.
La mamá cucuteña tiene algo muy propio: sabe cuidar sin hacer ruido. Está pendiente de todos incluso cuando nadie nota el esfuerzo que implica sostener tantas cosas al mismo tiempo. Es la que pregunta si llegaron bien, la que manda fruta “por si acaso”, la que insiste en repetir el almuerzo aunque uno diga que ya está lleno.
Pero también es la mamá que trabaja, emprende, lidera,organiza, estudia y sigue encontrando tiempo para estar presente.
Por eso mayo termina sintiéndose tan especial en Cúcuta. Porque más allá de las flores, los regalos o las reuniones familiares, este mes se convierte en una excusa para devolver un poco de todo lo que ellas hacen durante el año. Y honestamente, un solo domingo nunca parece suficiente.
Celebrar sin afán
A veces creemos que celebrar significa hacer grandes planes. Reservar algo enorme, gastar demasiado o esperar a que llegue “la fecha correcta”. Pero muchas veces los recuerdos más valiosos nacen de los momentos simples: un almuerzo tranquilo, una tarde conversando, una comida compartida sin mirar el reloj.
Eso es precisamente lo bonito de pensar el Día de la Madre como una celebración de todo el mes. Porque elimina la presión de “tener que hacerlo exactamente ese día” y nos devuelve lo más importante: la intención de compartir.
Mayo puede ser una oportunidad para visitar a mamá más seguido. Para invitarla a comer. Para hacer una pausa en medio de la rutina. Para escuchar sus historias otra vez aunque ya las sepamos de memoria. Para agradecerle de maneras que no siempre decimos en voz alta.Y también para crear nuevos recuerdos.
Las celebraciones que se quedan en la memoria
Con el tiempo uno entiende que las mejores celebraciones no necesariamente son las más extravagantes, sino las que logran hacer sentir especial a alguien. Las mamás suelen recordar más la compañía que el regalo. Más la mesa llena de conversación que la decoración perfecta. Más el hecho de tener a sus hijos cerca que cualquier detalle material. Por eso, cuando pensamos en cómo celebrar este mes, quizá la pregunta no debería ser “qué regalar”, sino “cómo queremos recordar este momento”.
Tal vez con una comida especial.
Tal vez con música.
Tal vez con una tarde tranquila lejos del ruido cotidiano.
Tal vez simplemente compartiendo tiempo de calidad.
Porque al final eso es lo que convierte una fecha en un recuerdo.
Mayo también es una oportunidad para reconectar
La rutina muchas veces nos gana. Entre el trabajo, las obligaciones y el ritmo acelerado de todos los días, dejamos para después las conversaciones importantes, las visitas pendientes y los momentos en familia. Por eso mayo tiene algo distinto. Es un mes que invita a detenerse un poco. A mirar alrededor. A recordar que las personas que más queremos merecen tiempo y atención ahora, no “cuando haya espacio”. Y quizá ahí está el verdadero valor de celebrar a mamá durante todo el mes: entender que el cariño no debería depender únicamente de una fecha oficial. Porque incluso si el calendario cambia, el motivo para celebrar sigue intacto.
Un homenaje a esas mujeres que sostienen todo
Hay algo admirable en las madres que rara vez se dice suficiente: su capacidad de sostener emocionalmente a toda una familia. Son quienes recuerdan cumpleaños, organizan reuniones, acompañan silencios y celebran logros ajenos como propios. Muchas veces son el centro invisible alrededor del cual gira el hogar.
La mamá cucuteña, especialmente, tiene esa mezcla de carácter fuerte y corazón inmenso que la hace inolvidable. Es capaz de regañar con firmeza y cinco minutos después preguntar si uno quiere repetir comida. Puede estar cansada y aun así preocuparse primero por los demás. Puede atravesar momentos difíciles y seguir encontrando formas de reunir a la familia.
Por eso este mes también es una oportunidad para reconocer todo eso que normalmente damos por sentado.
Un mayo para compartir en familia
En medio del clima cálido, las conversaciones largas y la tradición familiar que caracteriza nuestra región, mayo se convierte en uno de esos meses perfectos para reencontrarse. Y no importa si la celebración ocurre el primer domingo, el segundo o el último.
Lo importante es encontrar un espacio para compartir. Un espacio donde mamá pueda descansar, sentirse querida y disfrutar de un momento pensado especialmente para ella.
Una invitación para celebrar a mamá
Este próximo 17 de mayo, el Hotel Cariongo quiere abrir sus puertas para celebrar a todas esas mujeres que hacen de cada familia un hogar.
Será una ocasión para compartir en familia, disfrutar de buena comida, conversaciones memorables y un ambiente pensado para homenajear a mamá como se merece: con cariño, tranquilidad y momentos especiales.
Porque más allá de una fecha específica, mayo sigue siendo el mes perfecto para agradecer, abrazar y celebrar. Y porque cualquier día es un buen día cuando se trata de mamá.
La mejor tradición siempre será celebrar el amor
Las fechas cambian. Los calendarios se ajustan. Las celebraciones se mueven de un domingo a otro. Pero hay cosas que permanecen intactas.
El abrazo de mamá.
Su manera de cuidar.
La mesa familiar llena.
Las conversaciones que duran horas.
La sensación de hogar.
Quizá por eso el Día de la Madre nunca dependerá realmente de una fecha exacta. Porque el amor que celebramos ese día ha estado presente siempre. Y tal vez esa sea la verdadera enseñanza de este mayo: entender que no necesitamos esperar el “domingo correcto” para celebrar a quienes más queremos.
A mamá se le celebra cuando está presente.
Cuando se comparte tiempo con ella.
Cuando se crean recuerdos.
Cuando se le dice gracias.
Y afortunadamente, para eso, cualquier día del mes es perfecto.


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